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martes, 8 de enero de 2008

Aborto.

Por tu vientre inflamado
el futuro te amenaza;
desde el banco de una plaza,
cual dolor desesperado.

Fue un placer ya olvidado,
un disfrute, una algaraza,
ese llanto que hoy emplaza
a un destino despiadado.

En un grito amordazado
una idea te atenaza:
-¡este fruto no lo quiero!-

Solitaria y aterrada,
sin nadie a quién acudir;
quieres transgredir el fuero.

Sin pensar en la llamada
que la muerte ha de esgrimir;
has decidido abortar

para dejar de cargar
ese dolor incongruente
del que tú eres inocente.

Epílogo: la niña murió desangrada
en manos de una comadrona dejada.

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