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martes, 8 de enero de 2008

Nuestras calles

Nuestras calles sedientas
de angustia y desesperación,
se esconden tras las sombras
de esquinas siniestras,
habitadas por sicarios
y toda suerte de hampones.

Nuestras calles embarradas
por desechos y cadáveres
sin dolientes ni asesinos,
se retuercen ante el hedor
putrefacto del destino.


Nuestras calles abultadas
por los sueños de niños
sin recuerdos ni esperanzas,
deambulando entre la pega
y las bolsas de basura,
se estremecen ante aullidos
y clamores de tristeza.


Esas son nuestras calles
inundadas por el clamor silente
de voces mutiladas por la sangre,
pletóricas de calaveras
ingenuas e indefensas.
Trágicos gritos ahuyentan la bondad
y el rencor nos acorrala,
el rencor
nos acorrala...

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