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martes, 8 de enero de 2008

Veladas intenciones.

Veladas intenciones
esconden las jaurías del desastre,
no aceptan el clamor de la esperanza,
rechazan sin más el poder de los debates,
escupen infames; sobre el fragor de libertades,
son sordos a los gritos del asfalto,
de la piedra y del arado.

Veladas intenciones
asechan a los pueblos redentores,
la reconciliación ha sido amenazada
por veneno de serpientes y alacranes
fingiendo el devenir de los decesos,
negando la existencia del contrario
que le adversa.

No existe nadie más que ellos mismos
no hay pueblo más allá de sus narices;
me siento alienado,
pues somos invisibles ante aquellos:
los funestos gobernantes del ocaso.

Se niegan a reconocer a nadie más
que no sea del fulgor de llamaradas,
de incendios y desvaríos delirantes.

Se niegan a ver a nadie más
que no sean los fanáticos violentos
que han puesto ellos mismos
sobre altares y pedestales ilusorios.

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